El 25 de enero de 1906 se creó el enterratorio común por una ordenanza que establecía lo siguiente:
Art.1. Autorízase al D. E. para construir en el cementerio de la localidad un enterratorio común destinado a los pobres de solemnidad, cuyo estado de tales se justifique debidamente.
Art. 2. En este enterratorio se colocarán también restos de los pobres de solemnidad que actualmente ocupan las sepulturas comunes, a medida que terminen los plazos para que fueran expedidos.
Art. 3. Anexo a este enterratorio se construirá otro destinado a niños que se encuentren en las mismas condiciones.
Los primeros nichos fueron construidos por empresas particulares y, por ordenanza del 25 de marzo de 1909, la municipalidad autorizó la construcción de nichos para ser vendidos por la propia municipalidad una vez agotados los nichos que tenían las empresas particulares.
Vista del pórtico
La entrada principal del cementerio es un pórtico compuesto de cuatro grandes pilastras y tres arcadas que contienen las puertas de acceso. En la parte media de la fachada hay seis pequeñas columnas dóricas sin base y, en la parte superior, en cada extremo, una lámpara encendida, símbolo de vida eterna, y dos ornamentos de hojas de palma, estas últimas símbolo de martirio, de triunfo sobre la muerte y también de la entrada de Cristo en Jerusalén. Dentro del recinto del pórtico hay, a la derecha, una pequeña capilla y, a la izquierda, los baños y oficinas de la administración.
Es obra del constructor Rafael Montesi.
Vista del Pórtico desde el interior
En el cementerio hay una gran diversidad de sepulturas, testimonios visibles de las diferentes formas de sentir y representar la muerte que tiene la sociedad a lo largo de su historia. Así como las diferencias sociales se ven reflejadas en todos los ámbitos de la vida, en el cementerio también se ven en la muerte. Por sus calles conviven varios estilos arquitectónicos y también una mezcla de ellos. En las tumbas, bóvedas y panteones del cementerio se observa una variada iconografía funeraria, cuyas figuras, símbolos y escenas representadas, además de su carácter ornamental, expresan el pensamiento de las personas sobre la muerte, y su contenido alegórico no siempre es comprendido por el visitante.
La calle principal del cementerio es arbolada y, en un principio, como en la mayoría de los cementerios, había solo una calle que la cruzaba formando una cruz. A poco de andar por el pasillo central nos encontramos, en el centro de la calle, con la imagen de Cristo Yacente, donación de la señora Flavia Moen de Ferreccio, esposa del intendente José Manuel Ferreccio. Es una obra proyectada por el escultor Leopoldo Boccazzi y fue inaugurada el 2 de noviembre de 1934.
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| Flavia Moen de Ferreccio |
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| Cristo Yacente ( Figura 1) |
El monumento (Figura1) nos muestra la figura de Cristo Yacente y a María, de pie, recostada contra una gran cruz que tiene en la parte superior el Manto Sagrado y una pequeña cartela con la leyenda I.N.R.I., que se refiere a la expresión latina Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum, cuya traducción es "Jesús de Nazaret, rey de los judíos". Su origen se encuentra en el Evangelio de Juan (19:19-20): “Pilato redactó también una inscripción y la puso sobre la cruz. Lo escrito era: 'Jesús el Nazareno, el rey de los judíos'"(2).
En la base del monumento está la inscripción Consummatun est, cuya lectura en castellano sería ¡Todo se ha cumplido! y que, según el Evangelio de Juan, 19:30, fueron las últimas palabras de Jesús en la cruz.
En la administración del cementerio se lleva un registro con el nombre de los fallecidos, la fecha y la ubicación donde fueron sepultados. En un registro de 1888 vemos que no todos los muertos pudieron ser registrados con su nombre; en la fila 5 del registro leemos: francés muerto en la máquina y, en la fila 10, un muerto de Bolivia.
La sepultura más antigua del cementerio guardaba los restos de la señora Olegaria Techera de Silva, fallecida el 1 de enero de 1880.
Tumba de Daniel Francis
Otra tumba muy antigua que todavía se conserva es la de Daniel Francis, cuyo epitafio está escrito en la lápida en inglés y cuya traducción es:
CONSAGRADO A LA MEMORIA DE DANIEL FRANCIS Segundo hijo del difunto EDMUND MACKINLAY. Nació el 10 de septiembre de 1856 en Liverpool. Falleció el 20 de mayo de 1882 en la Estancia Remington.
"Según los dichos de un peón de la estancia de apellido Basualdo, ese establecimiento quedaba en el partido de General Lamadrid. Manifestó que el señor Mackinlay desempeñaba la tarea de mayordomo de la estancia y que era un hombre bueno, apreciado por el personal y los vecinos de la zona gracias a su carácter llano y afable. Este señor hacía continuos viajes a Azul y a otros establecimientos que administraba en Rauch, pasando siempre por Olavarría. En uno de esos viajes se sintió repentinamente mal y falleció. Fue transportado entonces en un carro a Olavarría, donde fue velado y luego sepultado en la quinta que ocupa el cementerio, que por aquel entonces estaba destinado a ese objeto. Según parece, dicho señor tenía alguna relación con la familia de apellido Krabbe, posiblemente de parentesco, y ellos fueron los que enviaron la lápida." (3)

Registro de 1888.
En 1888 ingresan al cementerio los cuerpos de Rufina Padín y María Petrona Rodríguez, y casi dos meses después se descubre que fueron asesinadas en la noche del 5 de abril de ese año por el cura de la parroquia San José, Pedro Castro Rodríguez, esposo de Rufina y padre de la niña María Petrona, crimen que conmocionó a todo el pueblo de Olavarría" (4)
En la hoja nº 12 del registro consta que en el tablón 1º de la sección 2, sepultura nº 13, fueron enterradas Rufina Padín y María Petrona Rodríguez. El nombre de Rufina Padín fue registrado con tinta, y el de Petrona Rodríguez fue agregado después con lápiz. Si bien en el lugar indicado no hay referencias, presumimos, por no haber sido reutilizado el espacio, que los cuerpos de las víctimas deberían estar todavía allí sepultados.
Rufina Padín y María Petrona Rodríguez
Espacio donde estarían sepultadas Rufina y María Petrona
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| Bóveda de Augusto Striebeck y familia. |
Figura 2 Figura 3
La primera de las bóvedas que se encuentran a la derecha de las puertas de acceso al recinto del cementerio es la de Augusto Striebeck y familia. Tiene en cada extremo una columna adosada de orden dórico y, en el frente, en el interior de un semicírculo y en relieve, un reloj de arena (Figura 2), símbolo del paso del tiempo, de la fugacidad de la vida y de lo inexorable de la muerte, rodeado por una corona de rosas, símbolo de amor verdadero y de amor eterno. A sus flancos hay hojas de laurel y de palma.
En cada lado de la bóveda, en el interior de un círculo cóncavo, hay una urna cubierta por un velo (Figura 3). El círculo, y también la esfera, simbolizan el mundo celestial.
Mausoleo del Dr. Celestino Daniel Márquez
El primero de los mausoleos se encuentra en el pasillo ubicado a la izquierda de la entrada al cementerio. "Homenaje del pueblo de Olavarría al Dr. Celestino Daniel Márquez ".
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| Dr. C. Daniel Márquez |
El Dr. Márquez, hijo de Cipriano Márquez y María Zabaleta, había nacido el 6 de abril de 1896 en la vecina localidad de Azul, provincia de Buenos Aires.
Se graduó de médico en la Universidad de Buenos Aires y se radicó en Olavarría ese mismo año.
A cientos de olavarrienses los atendió sin recibir honorarios. En 1941, la comunidad olavarriense le brindó un elocuente homenaje, en el que más de 800 personas, llevadas por un sentimiento de gratitud, se congregaron en honor de este solidario y humanitario médico.
"Con la desaparición de Daniel Márquez, desaparece un alma noble, un buen vecino y un filántropo de la medicina", decía, con motivo de su fallecimiento, una nota del diario El Popular publicada el 10 de diciembre de 1953.
Es el único médico a quien el pueblo de Olavarría le ha erigido un mausoleo.
A poco de andar por el pasillo central, nos encontramos con el Panteón de la Sociedad Española de Socorros Mutuos.
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| Panteón de la Sociedad Española de Socorros Mutuos |
La Sociedad Española de Socorros Mutuos se fundó el 6 de diciembre de 1885.
El panteón de la Sociedad Española, el primero construido en el cementerio por las colectividades de Olavarría en un terreno que le fuera donado por la municipalidad en 1901, fue inaugurado en 1916 y es una obra realizada por el constructor Vicente Montesi.
De estructura cuadrangular, tiene en cada extremo una columna jónica y un frontón que se repite en cada lado del edificio con las mismas figuras y símbolos.
Figura 4 Figura 5
En el centro del tímpano (triángulo) hay un escudo de España sobre un manto real, flanqueado por una guirnalda de laurel y ornamentos de hojas (Fig. 4). En el vértice superior del frontón se ve una cruz trebolada con el Manto Sagrado, que tiene en el centro la cabeza de Jesús (Fig. 5). El trébol de tres hojas, en las puntas de la cruz, simboliza para los cristianos la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo). En la parte superior del edificio, en cada esquina, hay un ángel con traje talar y el brazo izquierdo extendido, que señala el cielo eterno para las almas de los elegidos (Figura 6). La palabra ángel proviene del griego ángelos, que significa "mensajero". Los ángeles, además de mensajeros alados, son intermediarios entre el cielo y la tierra, y también espíritus guardianes. Están presentes en diferentes culturas y religiones: hay ángeles en las religiones musulmana, judía y cristiana.
Figura 6 Figura 7
En el cementerio, a los espíritus guardianes se los representa mirando hacia abajo o bien hacia el frente, en señal de que vigilan y ayudar a quienes deben proteger. En todo el perímetro de la parte superior de la construcción, pequeñas figuras de animales fabulosos custodian el recinto de los espíritus malignos (Figura 7).
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| Panteón de la Sociedad Italiana |
La Sociedad Italiana de Socorros Mutuos Menotti Garibaldi se fundó el 12 de agosto de 1883. En 1890 se produjo una escisión en el seno de la sociedad y una parte de sus asociados formó, el 1 de junio de ese año, una nueva entidad mutualista con la denominación de Francesco Crispi, en homenaje al político italiano, presidente del Consejo de Ministros.
Años después, el 17 de abril de 1918, en una recordada asamblea, se decidió la unificación de ambas sociedades, que adoptaron el nombre de Sociedad Italiana de Socorros Mutuos Menotti Garibaldi - Francesco Crispi.
El panteón de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos fue inaugurado el 5 de julio de 1931, y se ingresa a él por una escalera de mármol protegida por una cubierta de forma triangular, que sostienen dos columnas dóricas. Fue construido por la empresa Hortensio Amendola y Marano.
Figura 8
En el interior del tímpano (triángulo), se ve la figura del escudo real de Italia (Figura 8) sobre ornamentos de hojas de acanto, símbolo de inmortalidad.
Figura 9
Sobre el dintel de la puerta de entrada se leen las letras Q.E.P.D. (que en paz descanse) y, más arriba, en el interior de un semicírculo, hay una escena de Jesús yacente (Figura 9).
Figura 10 Figura 11
En el vértice superior del tímpano hay una figura de un ángel con las alas extendidas (Figura 10), que representa al ángel de la resurrección. Esta figura, obra del escultor Leopoldo Boccazzi, lo muestra sosteniendo una trompeta, que simboliza el sonido que resonará el día del Juicio Final para despertar a las almas.
Detrás del frontón, a la altura de los vértices del triángulo, hay ornamentos compuestos por tres elementos: en la parte superior, la figura de un crismón, monograma abreviado con las letras X (chi) y P (rho) entrelazadas, las dos primeras letras en griego de la palabra Christos; seguido por la cruz que se forma en la parte central del escudo italiano; y, en la parte inferior, sujeta por una argolla, una corona de laurel, símbolo de recuerdo eterno y de victoria sobre la muerte (Figura 11).
La figura del crismón aparece a veces acompañada de otros elementos, como las letras α (alfa) y ω (omega), la primera y la última del alfabeto griego, que representan el principio y el fin de todas las cosas, y las veremos a los costados del panteón.
En la parte superior del edificio, en cada extremo, hay una lámpara encendida, que simboliza la vida eterna.
Figura12
A los costados del panteón, flanqueadas por pilastras adosadas que simulan ventanas, se ven una cruz y, arriba de la cornisa, en el interior de un arco elíptico, dos antorchas encendidas, cruzadas y orientadas hacia abajo, símbolos del fin de la vida. En la base, las letras alfa y omega (Figura 12).
“Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin”, repite Jesús hacia el final de la visión apocalíptica. (Apocalipsis 22:13) (5) Por su forma, la letra alfa se relaciona con el compás, atributo del dios creador; mientras que la omega se asemeja a la lámpara, al fuego de la destrucción apocalíptica.
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| Panteón de la Sociedad Argentina de Socorros Mutuos de Olavarría |
La Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos de Olavarría se fundó el 22 de septiembre de 1918 y en 1924 adoptó el nombre de Sociedad Argentina de Socorros Mutuos de Olavarría.
El panteón de la Sociedad Argentina fue inaugurado el 21 de abril de 1929 y es obra de la empresa Hortensio Amendola. Consta de planta baja y de una alta, a la que se accede por escaleras de mármol ubicadas a cada lado de una plataforma con una cubierta triangular, que sostienen dos columnas dóricas unidas por un balcón.
Figura 13
En el interior del frontón, en relieve (Figura13), está la siguiente representación: en el centro, el Manto Sagrado, que cuelga con sus extremos plegados; sobre él, la cabeza de Jesús con corona de espinas, flanqueada a la izquierda por la parte superior de una lanza y a la derecha por un clavo. El espacio del frontón se completa con rosas y hojas de acanto, estas últimas símbolo de inmortalidad. Toda esta escena representa el padecimiento, la crucifixión y la muerte de Jesús.
Sobre la cabeza de Jesús hay un pequeño triángulo equilátero, símbolo cristiano de la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y, en su interior, el ojo divino que todo lo ve, cuyo significado es la omnisciencia y omnipresencia de Dios. "He aquí el ojo de Dios sobre los que le temen. Sobre los que esperan de su misericordia" (Salmo 33.18). Estas imágenes y símbolos son similares a las que podemos ver en el frente de la iglesia San José y que fueron incorporadas con la reforma de 1935.
Figura 14
Sobre el friso de la puerta de entrada de la planta alta, en el interior de un semicírculo que tiene una cruz en la parte media superior, se ve un cáliz con hostia radiante (Figura14). El cáliz en la liturgia cristiana es la forma trascendente del vaso: la copa en que se bebió el vino en la última cena, relacionada con el Santo Grial. El cáliz aparece también, por obra de José de Arimatea, recogiendo la sangre que brotó de la herida del costado de Cristo durante la Crucifixión. Es un símbolo de la Eucaristía y de la Redención del hombre. El pan y el vino, simbolizan la carne y la sangre de Cristo, su humanidad y su divinidad. “Quien coma de mi carne y beba mi sangre habita en mí, y yo en él” (Juan 6:56). A la derecha del cáliz se ve una vid, que simboliza las uvas y el vino, y a la izquierda, ramas de palma, símbolo de martirio y triunfo sobre la muerte.
Figura 15 Figura 16
En el vértice superior del frontón se encuentra la figura del Sagrado Corazón de Jesús (Figura 15), y en cada extremo, una urna cubierta, que simboliza el cuerpo convertido en polvo y la eternidad; el velo que la cubre es custodia de esos restos. El velo es también un símbolo de ocultación y revelación, y “sólo a través de Cristo se descorrerá” (II Corintios 3:14). (Figura 16)
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Bóveda de la familia Portarrieu
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A cada lado de la puerta de entrada, hay un pedestal con la figura de una lámpara encendida (símbolo de vida eterna), custodiado por cuatro leones alados que, junto con los grifos y otros animales fabulosos, vemos representados en algunas de las bóvedas.(Figura 17). El león es además un símbolo cristiano de la resurrección.(6)
En lo alto, la figura de un ángel con las alas desplegadas, en señal de que eleva el alma al cielo, y detrás del ángel, coronando la bóveda, una cruz que tiene en el centro la cabeza de Jesús con corona de espinas. (Figura 18)
La bóveda fue construida por la firma Galbiati y Bonnel.
Figura17 Figura18
Bóveda de la familia de Juan Izzi
En una calle lateral encontramos la bóveda de la familia de Juan Izzi, diseño del escultor Leopoldo Boccazzi.
A la entrada, antes de trasponer la puerta, en cada lado de la parte superior, se ve la figura del Chrismon (Figura 19), monograma de Cristo compuesto por las letras griegas X (ji) y P (ro) superpuestas, que es una forma de escribir la palabra Cristo.
Figura19 Según la leyenda, el emperador Constantino el Grande, antes de la batalla contra Majencio, tuvo la visión del Chrismon acompañado de estas palabras: "¡Con este signo vencerás!". Después de la victoria, Constantino adoptó el cristianismo como religión oficial.
Figura 20
En los laterales hay una alegoría de la Crucifixión de Jesús (Figura 20), representada por un cáliz con manto sagrado, coronado por una corona de espinas. El cáliz, en la liturgia cristiana, es un símbolo de la Eucaristía y de la Redención del hombre.
Figura 21
En la parte posterior de la bóveda un vitral con la imagen de Jesús (Figura 21)
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| Bóveda de la familia Castaño-Pereira |
De singular belleza y simbolismo, la bóveda presenta a la entrada dos columnas dóricas, que sostienen un frontón que tiene, en el vértice superior, la Reina del Cielo (Theotokos) (7), sentada con los brazos abiertos en señal de acogida a los difuntos y flanqueada por dos grifos, animales fabulosos con cabeza de águila y cuerpo de león, en actitud de impedir el ingreso de espíritus malignos (Figura 22). En cada pilastra hay tres antorchas encendidas, símbolos de vida eterna. Las antorchas apagadas y las que apuntan hacia abajo, generalmente cruzadas, simbolizan la muerte (Figura 23).
Figura 22 Figura 23
La bóveda, con una base cuadrada, es un símbolo del mundo terrenal, del mundo creado. El cuadrado es la expresión geométrica de la cuaternidad, es decir, de la combinación y ordenación regular de cuatro elementos (8), entre los cuales podemos citar las cuatro edades de la vida, las cuatro estaciones y los cuatro puntos cardinales, elementos que dan orden y fijeza al mundo. Le sigue en la construcción un octógono, que representa el mundo intermedio, la transición hacia la resurrección, y es también símbolo de la regeneración: “en el cristianismo, la forma octogonal era la de los antiguos baptisterios, y pese al olvido o la negligencia del simbolismo de la época del Renacimiento, se la encuentra generalmente aún hoy en el cuenco de las fuentes bautismales" (9).
Muy antiguamente, el baptisterio estaba situado fuera de la iglesia, y solo aquellos que habían recibido el bautismo eran admitidos en el interior de esta. El baptisterio es símbolo del renacimiento y el lugar por el que hay que pasar para ir de un mundo al otro, del mundo terrestre al celestial. Por último, vemos en la bóveda la cúpula, que representa el mundo celestial, la eternidad.
Corona la cúpula una lámpara encendida, símbolo de vida eterna.
La bóveda fue construida por la empresa de Rafael Montesi.
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| Mausoleo del Dr. Pablo Fassina |
Al Cristo Yacente en la calle principal del cementerio, le sigue el mausoleo del Dr. Pablo Fassina, inaugurado el 26 de marzo de 1933. El 27 de noviembre de 2011 se colocó sobre un pedestal de mármol el busto que precede al mausoleo, que se encontraba en el vestíbulo del Banco de la Edificadora de Olavarría.
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Pablo Fassina (Foto A.H.M.O.)
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Pablo Fassina nació en 1858 en Italia, en el pueblo de Lomello, provincia de Pavia. De activa participación en la vida social de Olavarría, fue socio fundador y primer presidente del directorio de la Sociedad La Edificadora, institución que después se transformó en el Banco de la Edificadora de Olavarría. Fue además socio fundador de la Sociedad Rural de Olavarría y su primer presidente, cargo que ejerció desde 1899 hasta 1931. Se desempeñó como concejal y presidente del Consejo Escolar. Fue también un entusiasta colaborador y directivo de varias instituciones de bien público de la ciudad. El gobierno de Italia le había conferido el título honorífico de Caballero del Trabajo.
Entierro de Pablo Fassina
Foto publicada por Mariela Olivera Acosta
Pablo Fassina se casó en Olavarría en 1890, con Mercedes Elichirigoyte y tuvieron ocho hijos. Falleció en Olavarría el 31 de marzo de 1931. Una calle y una plaza de Olavarría llevan su nombre.
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| Mausoleo de Arsenio Caviglia Sinclair |
A la izquierda, a pocos metros del mausoleo de Pablo Fassina, nos encontramos con el del poeta olavarriense Arsenio Caviglia Sinclair, obra del escultor español José Herrero Sánchez, residente en Olavarría y autor también del Monumento a la Madre, que se encuentra en la plaza Coronel Olavarría. Presenta tres piedras diferentes de dolomita, en los que el autor talló figuras alusivas a poemas de Sinclair. En la primera de las piedras, de forma hexagonal, se ve la figura de un recado criollo, representado por un cojinillo que tiene encima un rebenque y por debajo dos estribos que cuelgan, con las fechas de nacimiento y muerte del poeta. En esta piedra se encontraba la urna con las cenizas del poeta; lamentablemente, fue sustraída del cementerio junto con la placa.
Soñando (Figura24)
La segunda de las piedras, de forma rectangular, tiene, en uno de sus lados la figura del muchacho protagonista de los versos que el autor tituló "Soñando". (Figura 24)
El poema, escrito con una grafía fonética deliberada, propia de la literatura gauchesca, comienza cuando el abuelo le pregunta al muchacho qué estaba haciendo al sereno y este le responde:
Taba mirando el cielo,
Salpicadito ’e estrellas
que parecen de plata
¡Pcha qué lindo, aguelo,
Tener un par d'espuelas
Con dos rodajas mácuas
Hechas con plata d’ ellas!
Lo haría escarsiar arriba
al petiso rosiyo,
y ansina los paisanos
me mirarían los pieses
cuando voy los domingos
a vender pasteles.
Caballito Pampa (Figura 25)
Y del otro lado, la figura de un caballo, haciendo alusión a la poesía Caballito Pampa (Figura 25), que dice en uno de sus versos:
Guanaco en las cumbres,
culebra en el monte,
barquito en los ríos
y viento en el llano;
y tal vez por eso, porque se olvidaron,
o quizás tan sólo porque no quisieron
conquistar el aire
los gauchos centauros,
de espacios no sabes;
de haberlo tentado,
por dócil, por fuerte, por noble, ¡por criollo!
Caballito pampa… ¡hubieras volado!
Figura 26
La tercera de las piedras es similar a un menhir (Figura 26) y tiene en la parte plana la figura de un cactus, símbolo de protección y también de fortaleza. Otra de las figuras es una mano que emerge de una de las aristas en dirección a una cruz tallada en la piedra, y simboliza que se alcanzará la redención a través de la muerte y resurrección de Cristo. Jesús les dijo a sus discípulos: “Si alguien quisiera seguirme, que se niegue a sí mismo y tome su cruz y me siga. Pues quien pierda su vida por mí, la hallará” (Mateo 16:24-25).
Dejando de lado la clasificación botánica del cactus, en el cristianismo “el árbol es también símbolo de la fe cristiana en la Resurrección y en la Redención, que tiene lugar mediante el sacrificio de Cristo en la Cruz”(10).
También es posible, aunque no está escrito como en las otras piedras, que las figuras de la piedra similar a un menhir representen el poema PO` El Botija, donde una madre desesperada, viendo que su hijito se moría, implora al santo Padre por su salvación y ofrece, si hace el milagro de salvarlo, la majadita de veinte cabras blancas, un saino bragao, la mula y hasta la mano zurda.
En el final dicen lo versos:
Y el muchacho sanó, mas la serrana,
después de la promesa realizada,
ya no volvió a incorporarse nunca,
y por los altiplanos de la puna
vaga el rebaño de las cabras blancas
junto al saino bragao
y a la baqueana,
y como rara flor de la montaña
extraña a los cardones y a las tunas,
los cinco dedos de una mano surda
quedaron junto al Cristo `e la Qebrada..
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Arsenio Caviglia Sinclair
(Foto A.G.N.)
Arsenio Caviglia Sinclair nació en Olavarría el 19 de junio de 1896 y se graduó de maestro a los 18 años. Fue maestro en diferentes escuelas del distrito de Olavarría. Su primer cuento, titulado Los Tigres, lo publicó en Mundo Argentino en 1915. Colaboró, entre otros diarios, con La Razón, Crítica, Noticias Gráficas y El Día, de la ciudad de La Plata; también con las revistas Caras y Caretas, Mundo Argentino y Novela Semanal. Ganó el primer premio y la medalla de oro en los Juegos Florales organizados por la Revista Caras y Caretas con motivo del cincuentenario de la ciudad de Bolívar, provincia de Buenos Aires. En 1927 ganó otro concurso literario, esta vez organizado por el diario El Día, de La Plata, con tres cuentos titulados Volvamos a Casita, El Caballo Moro y Flores de Campo, que se publicaron juntos en un libro ese mismo año. En 1932 publicó otro libro de cuentos titulado Tierra Bruta. Un compilado de sus poesías apareció en el libro Poesías Camperas. En su casa, ubicada en la avenida Colón entre las calles Moreno y Rivadavia, se constituyó la primera comisión del Club Estudiantes de Olavarría y fue elegido secretario del club. Falleció el 22 de marzo de 1947.
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| Panteón de la Sociedad Española |
Otro panteón que se encuentra en la calle principal del cementerio, el segundo de los tres que tiene la Sociedad Española de Socorros Mutuos, fue inaugurado el 6 de diciembre de 1972, y es una obra diseñada por el arquitecto Héctor Vázquez Brust.
En el subsuelo se encuentran los restos del escultor José Herrero Sánchez. Había nacido el 3 de abril de 1910, en la ciudad de Salamanca y realizado sus estudios en Madrid, en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando.
José Herrero Sánchez junto a una de sus obras (Dr. Juanena)
Foto C. Filardo
En 1950 llegó a nuestro país y en un principio se estableció en la ciudad de Pigüé, provincia de Buenos Aires, donde tenía parientes. Su primera gran obra la realizó para la ciudad de Puán, en la provincia de Buenos Aires: el monumento al Dr. José María Juanena (foto), inaugurado en junio de 1952. Ese mismo año se enteró de que la Agrupación Clase 1913, de Olavarría, tenía la idea de realizar un monumento a la madre. Se puso en contactó con la comisión y presentó un proyecto del monumento que fue aceptado.
El 20 de junio de 1954 se colocó la piedra fundamental y el 18 de octubre de 1955 se inauguró el Monumento a la Madre en la Plaza Coronel Olavarría.
Se instaló transitoriamente en Olavarría para construir el monumento, pero la vida de la ciudad y su gente le gustaron tanto que decidió radicarse. En pocos años adquirió una casa en la calle Vélez Sarsfield 3333, donde instaló su taller.
Entre sus obras, además de las ya mencionadas, se cuenta: Monumento a la Madre (1956), en Espigas, partido de Olavarría, provincia de Buenos Aires; Monumento a la Madre (1957), en Colón, provincia de Buenos Aires; Monumento a la Madre (1958), en Rojas, provincia de Buenos Aires; Monumento a la Madre (1962), en Chacabuco, provincia de Buenos Aires; Monumento a la Madre (1966), en General Lamadrid, provincia de Buenos Aires; Monumento a la Madre (1968), en San Francisco de Bellocq, partido de Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires; Monumento a la Madre (1976), en Goyena, partido de Pigüé, provincia de Buenos Aires; y el Cristo Resucitado, en Sierras bayas, partido de Olavarría.
Fue profesor en Olavarría y en Azul, provincia de Buenos Aires. Falleció en Olavarría el 22 de junio de 1980.
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| Panteón de la Sociedad Libanesa |
También en la calle central del cementerio se encuentra el Panteón de la Sociedad Libanesa de Socorros Mutuos.
En mayo de 1920, la colectividad árabe
de Olavarría se reunió con la intención de conformar una sociedad de
beneficencia que la agrupe. Pero, por
diferencias entre los participantes, surgieron dos asociaciones: la Sociedad Líbano
Árabe, el 7 de junio de 1920, y la
Sociedad Líbano Siria de Beneficencia y Socorros Mutuos, que se fundó el 9 de
julio de 1920. Años después, el 30 de
junio de 1929, acuerdan fusionarse con el nombre de Sociedad Líbano–Siria de
Socorros Mutuos, para, finalmente, en 1938 adoptar la denominación de Sociedad
Libanesa de Socorros Mutuos.
El Panteón de la Sociedad Libanesa se
inauguró el 19 de julio de 1953 y presenta, a cada lado de la entrada, las figuras de San
Jorge y San Marcos, donadas por Jorge Alem y familia y por Carlos Alberto Alem y
familia.
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| San Jorge |
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| San Marón |
San Marón de Líbano fue un monje anacoreta sirio. Nació en el siglo IV, en Siria, y falleció en Antioquia, cerca de Siria, en el año 410.
Es un santo venerado tanto en el mundo cristiano de Oriente como en el de Occidente y fundador de la comunidad católica oriental que lleva su nombre, la Iglesia católica maronita.
Su festividad se celebra el 9 de febrero en la Iglesia Católica y el 14 de febrero en la Iglesia ortodoxa.
San Marón fue uno de los primeros evangelizadores de la región de Fenicia, que en el siglo IV conservaba sus ritos y su religión pagana
De San Jorge se dice que fue un soldado romano al servicio del emperador
Diocleciano, nacido en Capadocia, actualmente
territorio turco, en el año 275 o 280 e. c., y que murió decapitado por profesar la fe cristiana, el 23
de abril de 303 e. c. , probablemente en la ciudad de Nicomedia, y su cuerpo enviado a Lydd (Palestina), la actual Lod de Israel.
Es el siglo X se popularizó la leyenda de San Jorge y el dragón. La célebre gesta nos presenta al santo como un caballero que se enfrenta a un dragón que vivía en un lago y tenía atemorizada a la gente del lugar. Este animal exigía dos corderos diarios para alimentarse; si no cumplían, se acercaría a la ciudad. Con el tiempo, los corderos comenzaron a escasear y los habitantes decidieron que el tributo sería una persona viva, escogida por sorteo. Un día la elegida fue la hija del rey y, cuando el dragón iba a comérsela, San Jorge
salvó a la princesa matando al dragón, y
la población se convirtió al cristianismo. San Jorge es el patrono de Inglaterra, Grecia, Polonia, Portugal y otros.
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Mausoleo de los Emiliozzi
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| Parte posterior del Mausoleo de los Emiliozzi |
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Los Hermanos Emiliozzi
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Ubicado al final de la calle principal, se encuentra el mausoleo de los Hermanos Emiliozzi, inaugurado el 20 de febrero de 2000, con una placa que dice: "A los Hermanos Emiliozzi, el pueblo de Olavarría".
Procedentes de Buenos Aires, Dante y Torcuato Emiliozzi, junto con su madre Adalgisa Bornioli, se instalaron en Olavarría a finales de 1918. Torcuato tenía seis años y Dante José, solo dos. Un mes antes había llegado Torcuato padre, a instancias de Francisco Martinese, quien en sus comienzos se dedicó a la fabricación de carruajes y después montó un importante taller de reparación de automóviles.
De profesión mecánico, Torcuato padre ingresó al año siguiente como jefe de máquinas de la usina eléctrica, puesto que consiguió por haber arreglado los motores afectados por la inundación de 1919, que habían dejado sin luz a la ciudad. En 1923 adquirió una casa en la calle Necochea Nº 883 (3299 actual), lugar que años después se convertiría en el “santuario tuerca” de los Emiliozzi. Poco a poco, los hijos se interesaron y aprendieron el oficio de su padre, que les despertó desde temprano la afición por el deporte automotor.
El 12 de octubre de 1932, Torcuato hijo debutó en el automovilismo como copiloto de José Laureano Valerga, en un coche con motor Ford A preparado en el taller de su padre. La prueba, en la categoría de Fuerza Libre, se realizó en la ciudad de Lincoln, y llegaron terceros.
Fue recién el 24 de mayo de 1936 cuando Torcuato (hijo) debutó como piloto con ese mismo auto en la ciudad de Las Flores, y ganó la carrera de punta a punta.
Dante debutó como piloto el 24 de octubre de 1940, en la localidad de Urdampilleta, partido de Bolívar, en la categoría Ford T; vencedor de la carrera, fue descalificado por algunos detalles que se apartaban del reglamento. Desde 1936 a 1948, con la excepción del período comprendido entere abril de 1942 hasta finales de 1947, en el que las carreras estuvieron suspendidas por la guerra mundial, los hermanos participaron como pilotos en las categorías de Fuerza Libre, Fuerza Limitada y Ford T, utilizando coches Ford A, Fiat 519 y Ford T adaptados para las competencias. En total participaron en 33 carreras, obtuvieron 15 triunfos y en otras 6 llegaron segundos.
Dejaron de correr ese mismo año y, por “capricho”, según contó años después Torcuato, reiniciaron la actividad. Preparaban el motor de un auto que conducía Jacobo Falíck, quien vivía en Olavarría, y “un día abandonó, en Entre Ríos, y se comentó que la culpa era nuestra porque solo sabíamos preparar Ford T y nada más. Entonces pensábamos que no era cierto y, para demostrarlo, preparamos uno para nosotros, y así nació la “Galera” (…) de esta manera entramos al TC, casi por capricho” (11).
En 1949 empezaron a trabajar en un motor sin tener el auto y, cuando la Ford Motor Company ni siquiera fabricaba motores de ese tipo para sus vehículos, construyeron el motor que revolucionó el TC en los años cincuenta: adaptaron válvulas a la cabeza de un motor Ford 59-A-B, que venía de fábrica con válvulas laterales, y lo montaron sobre una cupé Ford modelo 1939, que compraron a los hermanos Letoile, de Tandil.
Comenzaron a correr en 1950 y, en un principio, se alternaron en el manejo del auto con el compromiso de que así sería hasta que alguno de los dos hiciera los primeros puntos. Finalmente fue Dante quien los consiguió, en una carrera que se realizó el 5 y 6 de mayo de 1951, en La Pampa. El 24 de mayo de 1953 obtuvieron el primer puesto en una carrera para no ganadores, realizada en la localidad de Chacabuco.
Corrieron 183 carreras, llegaron primeros en 43 y en otras 24 en el segundo lugar. El 31 de marzo de 1963 ganaron en Necochea superando los 200 kilómetros por hora de promedio, un récord para aquellos años.
Fueron campeones argentinos en los años 1962, 1963, 1964, 1965, y subcampeones en 1969.
Torcuato Emiliozzi nació el 30 de mayo de 1912 y falleció el 14 de febrero de 1999. Dante José nació el 10 de enero de 1916 y falleció el 24 de enero de 1989.
El 19 de octubre de 2013, en el histórico taller de la calle Necochea, se inauguró oficialmente el Museo Municipal Hermanos Emiliozzi.
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| Tumba de Dámaso Arce |
Alejada de la calle principal del cementerio, se encuentra la tumba del artista Dámaso Arce, obra del escultor Leopoldo Boccazzi. Presenta como alegoría principal una escena en la que una figura que representa a Dios recibe a toda una familia. Debajo, en un rectángulo y dentro de tres círculos, aparecen la cabeza de Jesús, un cáliz y la cabeza de la Virgen María.
Figura 27
En la parte superior del frente de la base figuran su nombre y apellido en letras que parecen cinceladas; debajo, el escudo de la República Argentina cubierto a la izquierda por un pequeño escudo con la figura de un león rampante, una de las figuras del escudo de España, su tierra natal. Esto simboliza que se sentía argentino con corazón español. (Figura 27)
Dámaso Arce. Foto A.G.N.
Dámaso Arce nació en Corporales, España, el 11 de diciembre de 1874. Se trasladó a la Argentina con su padre en 1887 para radicarse en la localidad de Indio Rico, partido de Tres Arroyos.
Con la muerte repentina de su padre debió desempeñarse en tareas muy rudas para un jovencito: trabajó como peón rural y en un horno de ladrillos.
Años más tarde se estableció con sus hermanas en la ciudad de Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires, donde se inició como platero y joyero en el negocio de la familia Bagardi.
En 1901 se trasladó a la ciudad de Olavarría y entró como platero en el taller de Alejandro San Martín. Poco después fue contratado como oficial platero por la sociedad Luis Broggi y Cía., y al poco tiempo quedó al frente del negocio. En 1905 adquirió el establecimiento para desarrollar sus actividades de forma independiente. A partir de entonces comenzó a gestarse su faceta de coleccionista: reunió un gran patrimonio que luego transformó en un museo con el nombre de Hispano-Americano, y despertó así la atención del público y de importantes personalidades en el campo de la etnografía, la paleontología y el arte. Adquirió obras de artistas argentinos representativos, entre ellas varios cuadros de su amigo el pintor Quinquela Martín.
Continuó desarrollándose como orfebre y creó numerosas obras destinadas a su museo. En 1937 expuso en la galería Witcomb de Buenos Aires "presentando piezas alejadas de los lineamientos tradicionales de la orfebrería rioplatense y de la florida ornamentación de la región pampeana, y optando por diseños que incluyen un abigarrado conjunto de personajes y figuras...".
“Todos los cinceladores graban sus figuras hundiendo el metal, o ahuecándolo con el cincel. Yo, por el contrario, donde golpeo saco la forma. Es como si ustedes golpearan un clavo para meterlo en la pared y el clavo, en vez de penetrar, se fuera saliendo”, dijo Arce en una entrevista para el diario Crítica (1935).
En sus obras expresó una concepción casi escultórica de los relieves, y un extraordinario exponente de su arte la obra de orfebrería denominado El Jarrón. Al fallecer Arce en 1942, sus familiares donaron gran parte de sus bienes a la Municipalidad de Olavarría. En 1954 se concretó la adquisición del inmueble, que había pertenecido inicialmente al Dr. Ángel Pintos y posteriormente a la familia Grimaldi, para crear el Museo Municipal que lleva su nombre.
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| Bóveda de la familia Cajén |
Otra bóveda notable es la de la familia Cajén, que tiene en el frente y en los costados imágenes realizadas por el escultor Leopoldo Boccazzi. Estas alegorías tienen como destinatario principal a Francisco Cajén, un apreciado militante político de la Unión Cívica Radical.
Figura 26 Figura 27
A la derecha de la puerta de entrada se encuentra la alegoría de la esperanza, representada por una figura femenina que sostiene un áncora (ancla), símbolo de salvación y de esperanza del cristianismo primitivo. “Tenemos ésta como segura y firme áncora del alma, una esperanza que entra en el santuario interior detrás del velo, dónde Jesús entró como precursor por nosotros…” (Hebreos 6:19) 12 (Figura 26).
A la izquierda, la alegoría de la vida eterna, representada por una figura femenina que sostiene con su mano izquierda una cruz y con la derecha una antorcha encendida. La cruz significa la crucifixión, la salvación y redención a través de la muerte y la resurrección de Cristo, y la antorcha encendida la vida eterna (Figura 27).
Fig. 28
En el costado izquierdo de la bóveda, los hijos del difunto, Francisco, Fermín, José P., Heriberto y Agustín, abrazados y acongojados, recuerdan palabras de su padre, Francisco Cajén, representado de pie, flanqueado por las alegorías de la salvación y la esperanza que figuran en el frente de la bóveda. A la izquierda se ve una lámpara votiva (Figura 28).
Figura 29
En el centro del campo y en primer plano, dos figuras femeninas sostienen el cuerpo del moribundo en actitud de invocar, mientras una de las figuras, con la mano derecha en alto y uno de sus dedos extendido, señala que su lugar será el cielo. A la izquierda, la figura de un ángel con sus alas plegadas, haciendo plegarias, y a la derecha, un ángel con las alas plegadas y con flores, en señal de esperanza y profundo afecto por la persona. (Figura 29)
Corona la construcción, una cruz celta, símbolo, en el cristianismo, de la unión del Cielo y la Tierra.

Una construcción que sorprende al visitante del cementerio es la bóveda que tiene la forma de una pirámide.
Las montañas, en diversas tradiciones y culturas, han sido consideradas un símbolo de la unión entre lo terrenal y lo divino. Son un camino de ascenso espiritual, un puente entre el cielo y la tierra.
La pirámide es también un símbolo del desarrollo espiritual del ser humano. Sus diferentes niveles simbolizan los diversos niveles de espiritualidad que se deben alcanzar.
Partiendo de una base cuadrangular que simboliza el mundo terrenal, las aristas y caras de la pirámide convergen hacia un único punto: la cima.
El individuo pasará del mundo terrenal al mundo celestial; este es el profundo significado que revela la pirámide.
Para todos los pueblos, la montaña simboliza la proximidad de los dioses: el Olimpo, en Grecia, o el Sinaí, donde Dios selló una alianza con Moisés y el pueblo elegido.
Constituye el punto de contacto entre la divinidad que desciende de su alta morada y el hombre, que asciende a su encuentro.
En general, las pirámides simbolizan al hombre en busca de la eternidad y de las energías del universo, que se supone que son captadas por el ápice e irradiadas a la base; y, por la dirección hacia donde apunta, el camino que conduciría al cielo. Pero, como vemos, se trata de una pirámide truncada, es decir, le falta el ápice. Entendemos, por la forma que tiene la parte superior y por otros detalles de la construcción, que podría simbolizar un ara (altar), el punto donde confluyen las energías del cielo y la tierra.
Otro detalle visible en la construcción son las cinco aberturas vidriadas arriba de la puerta de entrada y otras ochos iguales hay en la parte posterior, que tienen todas en su interior, como motivo principal, la figura de un triángulo equilátero.
El número 5 es la unión del 4 (el terrestre) y el 1 (el espíritu), la culminación del proceso alquímico, la Gran Obra, la cuadratura. Y el 8 evoca a dos cuadrados superpuestos (4 + 4) que, al formar un octágono, son la antesala del círculo, el mundo celestial.
La pirámide, representada por el triángulo que apunta hacia arriba, evoca el mundo supracósmico, representado por la cima. El triángulo que apunta hacia abajo simboliza la manifestación del principio terrestre aquí abajo. Ya mencionamos en una parte de la nota que, en la simbología cristiana, el triángulo equilátero representa a la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, lo que explica el concepto divino del "tres-en-uno".
“En su posición normal, con el vértice hacia arriba también simboliza el fuego y el impulso ascendente de todo hacia la unidad superior”, y lo masculino. Y, precisamente, la parte que le falta a la pirámide tiene la forma de un triángulo: la representada por el ápice.
Pero aquí, en las ventanas, al triángulo lo vemos invertido, es decir, con el vértice hacia abajo, lo que simboliza la espiritualidad que desciende y se manifiesta en el mundo terrestre. También es símbolo del agua y esquema geométrico del corazón y de lo femenino. (13)
Asimismo, gráficamente, un triángulo invertido dentro de otro, en este caso representado por la pirámide, representa el mundo inferior dentro del mundo superior.
Parte posterior y Figura 30
Por último, hay una figura en el frente de la pirámide: la de un círculo dividido en cuatro partes iguales por una cruz. Este símbolo, en su forma geométrica, es uno de los más conocidos y comunes a todas las tradiciones y tiene un gran simbolismo, y del cual, por lo complejo, señalaremos de forma sintética sólo alguno aspectos. (Figura 30).
Para los antiguos, el centro es el punto de partida de todas las cosas, el origen; es el punto principal, sin formas ni dimensiones y, por lo tanto, indivisible. De él, por su irradiación, se producen todas las cosas.
La representación más sencilla es el punto en el centro del círculo: el punto es el emblema del principio y el círculo es el del mundo.(14)
La relación entre el centro y la circunferencia consiste en que la circunferencia no podría existir sin su centro, mientras que este es independiente de aquella. Tal relación puede señalarse más claramente por medio de radios que salen del centro y terminan en la circunferencia. Estos radios pueden figurarse en números variables; en este caso se ha elegido la figura que tiene un valor simbólico particular, la cruz en el interior del círculo, que lo divide en cuatro partes. La circunferencia, si se la representa como recorrido en determinado sentido, es la imagen de un ciclo de manifestación; es decir, de los diferentes periodos o fases en que se divide un ciclo. Por ejemplo, dividida en cuatro, representa, en la existencia terrestre: las cuatro fases de la luna, los cuatro momentos principales del día, las cuatro estaciones del año, las cuatro edades de la humanidad, etc. Este símbolo expresa también la relación entre el cuaternario y el denario en forma numérica.
El cuaternario está representado geométricamente por el cuadrado si se lo considera en su aspecto “estático”; pero, en su aspecto “dinámico”, como es el caso aquí, lo está por la cruz que, cuando gira en torno de su centro engendra la circunferencia que, con el centro, representa el denario, el cual es el ciclo numérico completo. A esto se le llama “circulatura del cuadrante”, cuya representación geométrica (utilizando la Tetraktys pitagórica) se expresa aritméticamente por la fórmula 1+2+3+4=10, inversamente, el problema hermético que fue preocupación de los alquimistas y que se llamó: la cuadratura del círculo (15).
El círculo simboliza también el cielo y la perfección, así como la eternidad, en tanto es una figura geométrica sin principio ni fin; y el cuadrado, la tierra.
En el simbolismo geométrico, con relación al plano cósmico, todo lo circular concierne al cielo y lo cuadrado a la tierra; lo triangular (con el vértice hacia arriba) al fuego y al impulso de ascensión inherente a la naturaleza humana y, en consecuencia, a la función de comunicación entre la tierra (mundo material) y el cielo ( mundo espiritual) (16).
El simbolismo del color es universalmente utilizado en la liturgia, la alquimia, la psicología y el arte. Por regla general, el color azul, color del espacio y del cielo claro, es el color del pensamiento (17). También es posible que el color azul de la pirámide represente la llamada masonería azul, que comprende a los tres primeros grados: aprendiz, compañero y maestro.
Además, el número de aberturas vidriadas que tiene la pirámide es igual a 13 (5+8), cifra que posiblemente no sea casual, porque el número 13, en la masonería, representa la transformación; en este caso, sería el fin de un ciclo y el comienzo de otro.
También el triángulo, denominado Delta para los masones, es símbolo de divinidad y de la naturaleza. Simboliza la trinidad en todas sus formas: la sabiduría, la fuerza y la belleza; el nacimiento, la vida y la muerte; el pasado, el presente y el porvenir, entre muchas otras cosas.
La pirámide truncada y la simbología que contiene nos podría estar indicándonos que la tarea por hacer y la obra no concluyen con la muerte.
La pirámide es una obra del arquitecto Héctor Vázquez Brust.
Calavera con tibias cruzadas
En dos de los nichos que se encuentran en el lado izquierdo del cementerio, encontramos el símbolo de la calavera con las tibias cruzadas, símbolo de la muerte y la caducidad de la existencia. Sin embargo, es también "lo que resta" del ser vivo una vez destruido su cuerpo (18). Generalmente, se lo representa con el agregado de adormideras. Este símbolo suele verse en tumbas de masones.
Vista desde el interior
Al comienzo comentamos algunos de los cambios que el dogma católico produjo en el sentido de la muerte. A los ya mencionados, podemos agregar los textos que tratan de disminuir el sufrimiento de los fieles y que validan ese dogma, sobre todo en las obras de San Agustín (19), como los siguientes:
Nunca se harían tantas y tan grandes maravillas divinas en beneficios nuestro, si con la muerte del cuerpo se extinguiese el alma.
Es inevitable que estemos tristes cuando al morir, nos dejan los que amamos. Pues, aunque sabemos que no nos dejan para siempre, sino que por algún tiempo nos preceden a quienes hemos de seguirles.
Todo cementerio tiene su propia historia y un valioso patrimonio social, cultural y arquitectónico, formado por bienes tangibles e intangibles que posibilitan, a través de las expresiones funerarias, la formación de la memoria colectiva de la comunidad.
Los cementerios son mucho más que un lugar donde enterrar a los muertos: son también un testimonio que nos habla de nuestra historia y nos muestra cómo somos, como individuos y como sociedad. Por ello, creemos que el conjunto de la sociedad debe asumir como propio el cuidado y la preservación de ese valioso patrimonio.
Notas
1 El Lenguaje de la Inmortalidad. Eulalio Ferrer. Página 64.
2 Los Orígenes Sagrados de las cosas profundas. Charles Panati. Página 136.
3 Diario El Popular.
4 Ver en este mismo blog, la nota: El cura Castro Rodríguez y la primera iglesia de Olavarría
5 El Simbolismo Cristiano, John Baldock. Página 112
6 El Simbolismo Cristiano, John Baldock. Página 129.
7 Nombre que los católicos le dan a la Virgen María, también Theotokos , la "Madre de Dios" o `"Portadora de Dios".
8 Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada, René Guénon. Página 321
9 Diccionario de Símbolos, Juan Eduardo Cilot. Página 164
10 El Simbolismo Cristiano, John Baldock. Página 45
11 Los Emiliozzi. De la Historia a la Leyenda. Irma Emiliozzi. Página 54.
12 El Simbolismo Cristiano, John Baldock. Página 113
13 René Guenón Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada. Página 485
14 René Guenón Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada. Página 117
15 René Guenón Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada. Página 163
16 Diccionario de Símbolos, Juan Eduardo Cirlot. Página 93
17 Diccionario de Símbolos, Juan Eduardo Cirlot. Página 144
18Diccionario de Símbolos, Juan Eduardo Cirlot. Página 123
19 El Lenguaje de la Inmortalidad. Eulalio Ferrer. Página 64.
BIBLIOGRAFIA
Actas de la Corporación Municipal
Anuario del diario La Democracia, del año 1929
Anuarios del diario La Democracia de Olavarría, 1941 y 1943.
Anuario del diario El Popular de 1935.
Anuario del diario El Popular de Olavarría, del año 1929
Album de Olavarría. 1867- 25 de Noviembre -1947
Baldock, John. El Simbolismo Cristiano.
Caviglia Sinclair, Arsenio. Poesías Camperas
Caviglia Sinclair, Arsenio. Tierra Bruta
Cirlot, Juan Eduardo. Diccionario de Símbolos
Diario El Popular
Diario La Democracia.
Diario Tribuna
Digesto Municipal. 1891-1911 Municipalidad de Olavarría
Emiliozzi, Irma. Los Emiliozzi. De la Historia a la Leyenda.
Ferrer, Eulalio. El Lenguaje de la Inmortalidad
Filardo, Claudio. Leopoldo Boccazzi- Vida y Obra
Filardo, Claudio, José Herrero Sánchez
Guenón, René. Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada
Jordán, José. Pequeñeces. Centenario de la Vida Comunal. 1879-26 de mayo-1929
Jung, Carl G. El Hombre y sus Símbolos.
Minor Walther, Sin Galera.
Panati Charles. Los Orígenes Sagrados de las Cosas Profundas.
Schwarz-Winklhofer y H. Biedermann- El libro de los Signos y Símbolos.
Un agradecimiento especial para el periodista Néstor Saavedra, por el aporte de algunas de las fotos que ilustran la nota, a la traductora pública Ana Laura Benigni, por colaborar en las traducciones y a Lorena Santa María por las fotografías del cementerio.
Extraordinario trabajo de investigación histórica del cementerio de Olavarría, en una serie de investigaciones que respaldan la seriedad del texto tan cuidado como certero en todo lo que afirma y confirma. El enriquecimiento significativo que implica la continuidad de la parte histórica del lugar, con detalles de especializado conocimiento de arquitectura y del significado místico de los elementos y construcciones que repasa con tanta generosidad de esfuerzo y composición son de valía notable para destacar. Diría que es un texto para publicar con la mayor amplitud, porque es un trabajo que colabora para conocer, lectura placentera mediante, sobre el pasado de un lugar tan importante como necesario en cualquiera población donde, además del reposo eterno de personas es lugar de memoria, recogimiento y expresión de profundos sentimientos. Felicitaciones y aplauso para un trabajo tan enjundioso tan valorable.
ResponderEliminarMuy agradecido por su comentario. Supera todas mis expectativas que tenía antes de la publicación de la nota. Aunque debo confesarle, que me queda el deseo de conocer el origen del comentario. Muchísimas gracias, y un cordial saludo.
EliminarHola ! Habrá fotos de los antiguos hornos de ladrillo de Olavarría ?
ResponderEliminarAlgun registro o un lugar donde pueda buscar información .
Hola, me gustaría saber si en ese cementerio hay sepulturas con el apellido, Sanchez, Saavedra, Montero.
ResponderEliminarGracias
Excelente artículo, completísimo, gracias por su labor de recopilar y compartir.
ResponderEliminarExcelente redacción muy completa me encanto
ResponderEliminarMuy buen articulo. Felicitaciones.
ResponderEliminarExcelente. Tendrá usted información sobre donde se han guardado los libros con los datos de las personas allí sepultadas. Gracias.
ResponderEliminarFelicitaciones por esta nota, muy interesante y bien documentada. Como dijo el primer comentarista más arriba, merece un espacio más amplio de difusión. Visto que Ud. es una persona tan informada sobre la historia de la localidad, me atrevo a preguntarle si tiene datos que pueda compartirme sobre Francisco Dionisio de Ansó, su segunda esposa y su descendencia. Mi interés por Mercedes Ignacia Fernández Yávar y Julia de Ansó Colombié se funda en una investigación relativa a antiguas maestras que actuaron en Quilmes a comienzos del siglo XX. Saludos cordiales, Prof. Raquel Gail
ResponderEliminarMuy interesante! Viví muchos años en Olavarria y no conozco el cementerio. Cuando vuelva iré a recorrerlo. Gracias!
ResponderEliminarDisculpe, salió como anónimo. Mi nombre es Máximo Arbe
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